Por Diego Calp
Introducción
El presente ensayo tiene por objetivo describir la identidad therian, sus características esenciales, a la vez que se busca conocer su naturaleza psicológica a través de hipótesis explicativas que pongan de manifiesto por qué es una forma más de identidad y no de una psicopatología.
En los últimos años la denominada comunidad alterhumana parece haber tenido una ampliación considerable en lo que a personas que se relacionan identitariamente con algún animal no humano se refiere. Desde su apogeo moderno, en 1990 hasta la fecha, parece que cada vez hay mas personas que se dan a conocer como parte de esta comunidad y sus respectivas identidades, dentro de las cuales, la mas frecuente, parece ser la therian.
Esto, a su vez, ha llevado a ciertas respuestas por parte de la sociedad, sobre todo en los últimos años, gracias a las redes sociales, y que no resultan precisamente favorables. De hecho, han dado mayormente lugar al odio y, a menudo, al acoso por parte de otras personas. No son pocos los testimonios de personas que se identifican como alterhumanos que refieran haber vivido situaciones de acoso directo o, el mas difundido, debido a su anonimato, ciberacoso. De esto último también dan cuenta la multiplicidad de comentarios en redes sociales dirigidas a cuentas de personas alterhumanas, mayormente a therians. Algo que resulta muy problemático, no solo por su naturaleza violenta, sino porque el ciberacoso no esta dirigido principalmente a adultos, sino a niños que mas a menudo de lo que se desearía, rondan entre los 10 y los 14 años de edad; habiendo comentarios que van desde supuestas bromas hasta incitaciones al suicidio.
Por estas problemáticas es que resulta de gran relevancia llevar a cabo el presente artículo, ya que, entre las diversas razones por las cuales la gente acosa a los therians, algunas tienen que ver con el desconocimiento presente respecto a de que se trata. Muchos haters de los therians justifican su accionar dando a entender que no debería normalizarse algo que es una “enfermedad mental”. Idea que resulta cuanto menos curiosa, ya que indirectamente dan a entender que la solución a esta supuesta enfermedad mental es el maltrato sistemático por miles de personas hacia los therians, dando lugar a una conducta discriminatoria conocida como capacitismo. Y que, más allá de esta forma de discriminación, no parece ser certera al tener en cuenta la literatura, ya que, como se verá, según la revisión sistemática llevada a cabo por Dirk Blom y Sharpless (2025), no debe confundirse ser therian con tener zoantropía clínica que si está considerada una psicopatología.
Y otras, bastante comunes, tienen que ver con el hecho de que los cambios sociales siempre representan la modificación del entorno en el que viven las personas de una u otra manera. Esto conlleva a que las personas tengan que readaptarse a las nuevas circunstancias, lo que representa un costo psicológico que, a menudo, se presenta en forma de problema de conducta (Hayes, 2020). Por lo que resulta razonable que las personas tiendan a resistirse al cambio o teman a la incertidumbre. Lo que, aun así, no cambia su discurso, pues se sirven de argumentos similares para desacreditar las identidades therian.
La identidad therian
En la actualidad existen diferentes formas de experimentar alguna clase de identificación con los animales no humanos, como los otherkin, otherhearted, otherchain, etc., sin embargo, en el presente artículo, nos centraremos en los therian.
El termino therian deriva de “theriantropo” (del griego therion, bestia y antropos, humano) (Kanu, 2022). Partiendo de esta definición, la comunidad y algunos artículos académicos la definen como la experiencia de sentir o creer que uno es, al menos en parte, un animal no humano. Esta identificación puede ser espiritual, psicológica o física, pero los miembros de la comunidad aclaran que no se refiere a una transformación física real ya que esto sería imposible (Clegg et al., 2019).
Una aclaración relevante es que los therians no se identifican con un animal no humano en términos de afinidad, sino que sienten que son ese animal en alguno de los niveles ya mencionados (Jackson, 2019). Ese animal con el que se identifican se denomina theriotipo (Clegg et al., 2019). Que en términos espirituales significaría que la persona cree que ese animal es su espíritu, que tiene un animal interior, o que fue ese animal en su vida pasada. A nivel psicológico que cree que su comportamiento es al menos parcialmente el de ese animal y a nivel físico de forma similar.
Sin embargo, algunos miembros de la comunidad lo consideran diferente al hablar de que se identifican “con” ciertas especies de animales. Esto significa que su identidad se basa en la identificación de ciertas características similares con los animales no humanos (Calp, 2025a). Por ejemplo, un therian físico podría identificarse con las jirafas por ser él físicamente muy alto. Un therian psicológico podría identificarse como una tortuga por tomarse la vida con tranquilidad y a paso lento.
Ontología de la theriantropia
A menudo, debido a la definición anterior, surge la duda en torno a que implica realmente identificarse como un animal no humano. Si bien, esta duda no ocurre con otras formas de identidad, como la de género y la religiosa, si pasa con quienes se identifican de alguna manera con animales no humanos.
Pero, ¿por que pasa esto? La realidad es que tanto la identidad de género como la religiosa parten de constructos sociales que fueron desarrollados para que los humanos puedan adquirir dicha identidad. Es decir, el género es un conjunto de reglas verbales que indican formas de conducta y de expresión que las personas deben seguir para poder considerarse a si mismos hombres, mujeres o no binarios (Calp, 2024). La religión no es muy diferente, ya que parte de otras reglas o dogmas que hablan de comportamientos rituales y morales que se deben seguir para poder identificarse como un miembro de una determinada religión.
Sin embargo, en la theriantropia esto parece un reto, ya que las especies de animales no son desarrollos sociales, ni mucho menos reglas que se deben seguir para poder ser esos animales. Sino que se tratan de eventos biológicos que no pueden ser adquiridos por otros animales porque estos no poseen las mismas características estructurales entre sí. De manera análoga e, incluso, aunque la psicología comparada haya evidenciado la enorme continuidad evolutiva a nivel comportamental entre las diferentes especies de animales, existen algunas diferencias que justamente se encuentran directamente relacionadas a las diferencias biológicas entre animales.
En este punto, seguramente se preguntaría si esto no refuta totalmente la idea de identificarse como animal no humano. Pero no, no lo hace. El asunto radica en comprender cual es la identidad que están adquiriendo las personas que se identifican como animales no humanos. Y, ciertamente, no es que estas personas adquieran la identidad del animal, sino que lo que se aprende es a ser therian. Therian es básicamente ese constructo social que para muchos representaría la solución al dilema de como una persona puede identificarse como animal no humano si estos no son constructos o reglas sino seres biológicos.
De esta forma, se entiende que ontológicamente un therian no es un animal no humano, sino un humano que se identifica como un animal de otra especie, pero es un therian. Es decir, cuando se habla de una persona que se identifica como animal no humano automáticamente se la define como therian. Esto significa que la identidad de esa persona es therian. Y este concepto sí que constituye un conjunto de reglas diferenciadas ya que nadie se atrevería a afirmar que therian y furry sea lo mismo.
Las reglas van de la mano con su definición que puede resumirse en: Son personas que se identifican con o como uno o más (polytherian) animales no humanos de forma espiritual, psicológica y/o física, que pueden estar vivos o ya extintos (paleotherian).
Esto resuelve el problema ontológico. Y se comprende que la creencia de ser al menos parcialmente un animal es una conducta verbal con una relevancia central dentro del conjunto de reglas que conforman a la theriantropia como identidad en humanos. Así como la creencia en el alma puede ser algo central en algunas religiones, pero no necesariamente ser algo ontológicamente real.
Psicopatología o identidad
Entre tanto ciberacoso en redes sociales se deja entrever comentarios que suelen aludir a la supuesta carencia de salud mental por parte de los therians por el solo hecho de identificarse así. Muchos de estos aseguran que ser therian es una suerte de problema psicológico o enfermedad mental, más que una identidad. Pero, ¿es esto realmente así?
Según una revisión sistemática de 77 estudios realizada por Blom y Sharpless (2025), y que, de hecho, fue muy usada por algunos haters para supuestamente justificar su ciberacoso hacia los therians, justamente se destaca en más de una ocasión la diferencia entre lo que ellos denominan “theriantropia clínica” con la “theriantropia no clínica”. Refiere la primera al concepto de zoantropía clínica (antes licantropía clínica), que se define como una forma de esquizofrenia que se caracteriza por la creencia delirante de estarse transformando en un animal no humano, tener ilusiones perceptivas y que produce una fuerte angustia y malestar. La segunda alude a la identidad therian y es entendida como una forma de identidad propia de la diversidad humana. De esta manera, los autores recomiendan no diagnosticar a una persona con zoantropía clínica por el solo hecho de ser therian, ya que esto representaría un error. Enfatizan en que una persona puede tener un profundo sentimiento de ser un lobo, llegando a identificarse incluso de forma parcial como tal, pero que no por ello debería recibir el diagnostico de zoantropía clínica. Ya que, para este diagnóstico, lo aconsejable es verificar que exista esta creencia delirante en la transformación en un animal no humano y que esté presente la persistente angustia y malestar. Estos serían los criterios diagnósticos más relevantes para diferencias entre ambos (Blom y Sharpless, 2025).
De la mano con estos criterios diagnósticos, ciertamente desde el Manual Diagnostico y Estadistico de los Trastornos Mentales en su quinta edición (DSM-5), se sostiene que los dos criterios menesteres para considerar algún comportamiento como trastorno mental, es necesario que cumple con uno de dos criterios: 1) Generar malestar clínicamente significativo, que altere el desarrollo de saludable de su vida cotidiana. 2) Producir daño o perjuicio en terceros.
Desde una propuesta transdiagnóstica, no se podría considerar a ser therian un problema conductual porque, para determinarlo como tal, este tendría que, o bien producir malestar en la persona que lo es o hacer peligrar su salud física de alguna manera (por ejemplo: autolesiones); o bien producir daño en alguien más (conducta antisocial).
Hipótesis funcional
Siguiendo la hipótesis funcional ya propuesta por Calp (2025a) sobre la identidad therian, resulta relevante destacar que se encuentran ciertas similitudes o paralelismos con otras formas de identidad que puede aprender el humano. Por ejemplo, con la identidad de género (Grivell et al., 2014), o con la identidad religiosa, como se mencionó en el apartado anterior:
En su momento, proponer esta similitud generó cierta controversia, precisamente porque se tiende a confundir la theriantropia con una enfermedad, dando a entender que se estaba comparando un supuesto trastorno con una identidad que de enfermedad o problemática no tiene nada. Pero, como ya se ha visto, la theriantropia tampoco representa una enfermedad mental ni un problema de conducta. En términos funcionales y de forma similar a otras identidades, también se puede entender como un conjunto de conductas y expresiones, pero que, en este caso, se relacionan a animales.
En líneas generales, la base es la misma. La theriantropía se constituye como un conjunto de reglas verbales que definen como deben comportarse y expresarse quienes se identifican como therians. Estas conductas, mayormente operantes, parten de la base de identificarse como o con un animal no humano. Si se identifican como un animal no humano, la base es plenamente verbal, y se sostiene bajo la creencia de que son ese animal hasta cierto punto. Esta creencia refiere a tactos sobre si mismo como “soy un perro”, “me muevo como un perro”, “tengo el espíritu de un perro”, etc. Si, por otro lado, se identifican con un animal, esto se basa en la observación de ciertas similitudes entre características propias y características de ese animal, dando lugar a tactos más del tipo de: “soy como un perro porque soy amistoso”, “soy como una jirafa por mi enorme estatura”, “suelo tomarme las cosas con calma, por eso me identifico como tortuga”, etc.
Aun así, en una fase de adquisición esta identificación de similitudes entre si mismo y el animal no humano parece ser algo general tanto para quienes se identifican con y como. Algo que posteriormente es interpretado de forma diferente según cada experiencia. Quienes se identifican como animales lo interpretan verbalmente como que entonces, de alguna manera, ellos son de esa especie hasta cierto punto; y quienes se identifican con algún animal no humano, lo interpretan de un modo más metafórico en términos de que es como si fueran ese animal.
Siguiendo con los antecedentes de esta conducta, en la fase de adquisición se puede partir de cierta cadena conductual que parte de los propios animales no humanos o sus imágenes como estimulo discriminativo ante el cual se emite la respuesta operante de observación. A partir de ese punto, la observación adquiere la función de discriminativo para otra operante que implica una autoobservación de si mismo y la detección de similitudes (generalización) entre el animal observado y si mismo. Este evento conductual podría ocurrir a la inversa, siendo que la persona fuera, por ejemplo, muy consciente tanto de sus particularidades conductuales como físicas y, al observar a cierto animal, detectar estas similitudes. En esta fase podemos pensar en dos estímulos reforzadores diferentes. En la primera observación, al mirar las características físicas y comportamentales de estos, esta conducta podría ser reforzada por la curiosidad; y luego, la observación de sí mismo podría ser reforzada por la satisfacción fruto de confirmar el parecido entre el animal no humano y el si mismo. Pudiendo esto también ocurrir a la inversa si la persona confirma similitudes al observar al animal no humano ya conociendo las características físicas y conductuales de sí misma.
Evidentemente esta no es la única forma que puede dar comienzo a la theriantropia en una persona. Existen formas considerablemente más comunes en otras formas de identidad, como el interés en libros chamánicos, que funcionen como discriminativos para lo búsqueda de estas similitudes, sumando un eslabón más a la cadena conductual. De manera similar, puede ocurrir la persona aprenda por modelado (aprendizaje social) al observar a otros therians que se divierten y se sienten felices siendo ellos mismos.
Incluso, aunque esto en general se pueda interpretar más dentro de una fase de mantenimiento, las reglas verbales que delimitan lo que es ser therian de aquello que no lo es, pueden funcionar para que una persona, a conocer de que se trata, termine aprendiendo las conductas que son propias de la comunidad. Aunque comúnmente esto último tiende a ser llamado “otherlink”, que implica la elección “voluntaria” de con que se identificará la persona, bien se sabe que conductualmente la voluntariedad total o el libre albedrio se encuentra plenamente desestimado por la tesis determinista. En este sentido, un otherlink quizá es diferente en cuanto a la forma de adquisición de su identidad, pero no lo es en cuanto al grado de voluntariedad con respecto a los demás therians.
Continuando, en la fase de mantenimiento habría otros aspectos a tener en cuenta. En principio, los discriminativos pueden ser algo más vivenciales, donde encontrarse teniendo un determinado comportamiento o mirando una característica física de sí mismo puede discriminar conductas verbales en donde la persona piense que es ese animal o como ese animal, y reforzadas por la satisfacción de esta confirmación. Otro reforzador puede ser el sentido de pertenencia a una comunidad o reforzadores sociales dentro de estas en donde la gente recibe apoyo mutuo para la vivencia de su identidad. En este punto es donde toman peso las reglas verbales acerca de lo que significa ser therian y que también discrimina sus comportamientos y expresiones de identidad.
Los therian además, por lo común, se caracterizan también por vivir lo que se conoce como shifts. Existen de diferentes tipos, pero los más comunes son los phanthom-shifts, los cuales consisten en sensaciones momentáneas de tener partes del cuerpo de su theriotipo que realmente no están ahí. Esto puede hallar su explicación en el uso persistente de mascara y colas que, al ser estímulos incondicionados, producen respuestas reflejas de sensación de tener orejas y cola animal, precisamente por la percepción del tacto. Como su uso no es permanente sino en ciertas horas, días o lugares, algunos elementos de estos lugares que en principio funcionarían como estímulos neutrales, pasan establecer una relación de contingencia con esas máscaras y colas, y, por tanto, adquirir la función de estímulos condicionados que eliciten la sensación de tener orejas o cola de animal no humano.
Si bien los therians tienden a decir que usar máscaras, colas o realizar queadrobics, que es básicamente correr en cuatro patas y saltar como animales no humanos, no es algo inherente a la identidad. Si es verdad que es la forma más característica de lo que se podría denominar como expresión de esta identidad y también es la base para la ocurrencia de algunos de sus shifts. Estas conductas pueden ser antecedidas (estimulo discriminativo) por las redes sociales, es decir, se visten y actúan así para hacer contenido de redes sociales, obteniendo reforzadores sociales como vistas, likes y comentarios. O bien, bajo la instrucción verbal de que puede ser una forma de expresar mejor su identidad, hallándose reforzado por la satisfacción propia de la actividad (reforzador natural). Aunque a menudo se trata de una actividad social en comunidad en donde nuevamente se encontrara al reforzador social.
En lo que respecta a las variables disposicionales, en los therians parece regular tener sexo femenino, aunque exista cierto equilibro en lo que refiere a la identidad de género. Por otro lado, tener ciertas características físicas puede fomentar la identificación de similitudes entre un animal no humano y si mismo. Y, por otro, la historia de aprendizaje puede haber llevado a la adquisición de conductas que se interpreten como similares a las de otros animales no humanos.
Posibles riesgos de la identidad therian
Si bien en principio, ser therian, como se vio, no representa ni una enfermedad ni un problema de conducta, eso no quita que no pueda haber casos en donde estos puedan ocurrir, como también los hay muy a menudo en la identidad religiosa.
En algunos therians se han encontrado formas de expresión de la identidad que, dependiendo su frecuencia u otras características topográficas más, pueden resultar en el daño de la persona. Es importante reiterar que estas conductas no son intrínsecas de ser therians, ya que parece que cuando se escribe algo de este tipo, las personas en pos de cumplir con su sesgo de confirmación, son capaces de reinterpretar el texto y suponer que se está afirmando algo que no es: que la identidad therian pueda representar un problema por sí misma.
Aclarado eso, en algunos casos se han reforzado conductas que morfológicamente resultan muy inconvenientes, como el consumo de alimento balanceado. Este consumo frecuente puede generar problemas de salud físico y por ello se puede entender como un problema de conducta, pero no debe entenderse que ser therian sea el problema. Así como existe una correlación entre la zoantropía clínica y la theriantropia, también la hay entre ser therian y comer croquetas. Pero es importante recordar que la correlación no implica una relación de causalidad; ser therian no causa el consumo de croquetas, ni mucho menos causa la zoantropía clínica.
Teniendo en cuenta esto, cabe resaltar que cualquiera sea la conducta en cuestión, si genera alguna forma de daño en si misma o en otros debería preferiblemente modificarse.
Posibles beneficios de la identidad therian
Resulta interesante ver como de tanto ciberacoso parece que las personas no se han dado la oportunidad para ver que ser therian hasta podría comportar algunos beneficios. Aunque ellos mismos afirman que ser therian y usar mascaras o colas no están relacionados, el hecho de que la gran mayoría lo haga y de que sea algo tan expresivo, hace que al menos se pueda considerar como parte no necesaria, pero al menos presente. Y es esta expresión la que puede darle una vuelta beneficiosa a ser therian, ya que, la mayoría de los therians, hacen sus propias máscaras y colas. Y, a menudo, estas mascaras no representan una sencilla actividad creativa, sino que implican una alta complejidad, pues se han visto mascaras que son propias de creaciones al nivel del cosplay.
El hecho de que los therians salgan al aire libre y dejen por un momento sus celulares y demás dispositivos electrónicos, debería ser considerada otra de las ventajas. Esto de que los padres quieran que sus hijos salgan a jugar al aire libre es algo que se pide desde hace un tiempo ya y que no están notando que se está produciendo en estas comunidades.
Otra habilidad son las vocalizaciones que muchos therians practican para relacionarse más a sus theriotipos. Refieren a la imitación de sonidos de animales no humanos con la boca.
A continuación, se analizarán algunos de los argumentos en contra de la identidad.
Evaluación de argumentos en contra de la identidad therian
Dejando de lado el extremo ciberacoso al que someten a los therians, se han dado casos en los que algunas personas, incluidos profesionales, han optado por dar conocer algunos de los argumentos. Los cuales, darían a entender, o bien que ser therian es un problema psicológico o enfermedad mental, o bien que no es posible serlo porque estos estarían cometiendo ciertos errores al definir su identidad.
Teniendo en cuenta lo visto antes se evaluarán algunos de estos argumentos, como los planteados por el Dr. Cartañá en un canal televisivo reconocido de Argentina:
“Cuando te autopercibis perro, lo primero que yo pienso es que lo perros no hablan, entonces si te autopercibis perro no deberías hablar, deberías ladrar. Si te autopercibis perro deberías dormir en una cucha. Es decir, si te autopercibis de una identidad tenés que ser consecuente con eso que te autopercibis. Cuando veo a una persona que dice que se autopercibe perro, pero después se sienta en un sillón como un ser humano, habla como un ser humano, se toma el transporte como un ser humano, digo está jugando a ser… no se está autopercibiendo.”
Este argumento tendría sentido si los therians realmente se “autopercibieran” perros. Si bien, durante la entrevista, alguno de los therians dijo que se autopercibia el animal con el que se identifica, se debería tener en cuenta el principio antidescriptivista cuando no se habla con conocedores de la terminología en psicología, como lo son los adolescentes therian que participaron en dicho canal. Como refiere Froxán (2020), el antidescriptivismo implica no asumir que la descripción se corresponde formalmente con lo descrito. Dicho de otra manera, que el nombre que se le da a un determinado evento conductual sea el que le corresponda a ese evento según lo establecido por una determinada comunidad verbal (Froxán, 2020). Entonces, en lugar de dar por hecho que un therian sabe el significado correcto de “autopercepción” cabría preguntarse si en realidad no se refiere realmente a “interpretación”. Ya que, según Lega y cols (2009), no es lo mismo la percepción, que se trata de la capacidad de experimentar la realidad a través de los cinco sentidos y que es una conducta automática (Pérez et al., 2010), que la interpretación que refiere concretamente a procesos cognitivos como los pensamientos y creencias de las personas sobre ellos mismos, los demás y el mundo (Lega et al., 2009).
Siguiendo esta diferencia conceptual es posible entender que lo que realmente querían decir los therians era que se interpretaban como animales. Ya que, de haber asumido que había una autopercepción real, eso no habría distado demasiado del diagnóstico de zoantropía clínica que, como ya se vio, implica una creencia a nivel de delirio de la propia transformación en un animal que solo puede ser modulada por percepciones ilusorias de la propia transformación física. Es decir, que la persona vea que sus manos se cubren de pelo de alguna especie no humana, entre otras ilusiones más. Por el contrario, al interpretarse animales esto da cuenta de que se creen al menos parcialmente animales no humanos, pero no creen ni que lo sean en su totalidad ni niegan su humanidad completamente. Y mucho menos tienen delirios o percepciones ilusorias sobre si mismos.
Continúa diciendo Cartaña: “Si a mí me vienen los padres de uno de estos muchachos, me dicen: ‘No sé qué hacer’, le digo: ‘Bueno, respestalo, hace lo que ellos piden que hagas. Que duerman en el patio, que duerman en la cucha, que coman doggie, que salgan con correa, que hagan todo lo que ellos dicen ser. Y si se bancan esa vida, respetalos. Y si no se bancan esa vida, explícales que están jugando a, pero que no son…’”
Esta conclusión del psicólogo es una falacia non sequitur, porque la conclusión no parte de ninguna de las premisas presentadas. Ninguno de los therians mencionó que hicieran este tipo de actividades y ser therian, como ya se vio, no tiene nada que ver con este tipo de conductas que menciona el profesional, hasta lo desmintieron.
En respuesta a lo dicho por el profesional uno de los therians refiere que al ser criados como humanos es por eso que no harían las cosas que este menciona. A lo que Cartaña responde: “Pero hay una cuestión biológica, no es una cuestión de crianza. Hay algo que tienen los perros que no tienen ustedes, que es la autopercepción de perro. El perro no se autopercibe perro, el perro no dice: ‘Yo soy perro’, simplemente vive en tanto ser perro. Cuando vos decís: ‘Yo soy perro’, ya estás haciendo dos cosas de humano: autopercibirte, porque la autopercepción es humana, y decirlo, los perros no hablan. Y si vos hablas en vez de ladrar, no tiene que ver con cultura, tiene que ver con que vos tenés cuerdas vocales que te permiten hablar y que el pero no puede hablar, aunque quiera”.
Afirmar que la autopercepción es una conducta únicamente presente en el humano resulta objetable dada la evidencia científica de la psicología comparada. Según, Perez y cols (2010), percibir es un proceso psicológico básico presente en la gran mayoría de los organismos. Autopercibirse implica, lógicamente, percibirse a sí mismo, es decir, captarse a sí mismo a través de los sentidos. Algo que evidentemente los perros pueden hacer, de lo contrario, si se lastimaran no lamerían la zona dañada.
Aun así, se entiende que lo que realmente quiere decir es interpretarse, ya que entra en juego el tacto del sí mismo, es decir, la conducta verbal. El problema de su argumento es que no comprende lo que es ser therian. Un therian no cree que el mismo sea un perro en su totalidad, si ese es su theriotipo, y sabe que es humano. Por ello sabe que es capaz de hacer las cosas que un perro no podría llevar adelante, como lo es la emisión de conductas verbales. Habiendo explicado la ontología de la theriantropia queda claro que es algo relacionado a la crianza, que es aprendido.
Además, existen casos que evidencian a humanos comportándose de manera morfológicamente similar a otros animales no humanos en esos casos en donde fueron criados por animales de otras especies. Estos casos, aunque escasos, confirman que es algo posible (Candland, 1993; Itard, 1801; Levi-Satrauss, 1962; Malson, 1964; Singh y Zingg, 1942). Aunque, ciertamente, la mayor confirmación que tenemos es la evidencia solida que hay en cuanto a que la mayor parte de la conducta humana es aprendida en la interacción con el ambiente (Skinner, 1938; Skinner, 1953; García, 2018).
Continuando con lo ocurrido durante el canal, uno de los therians menciona que existen casos de animales no humanos (gatos) que cuando conviven con otros animales de especie diferente (perros), tienden a imitar su comportamiento. A lo que el profesional respondió: “Pero no se convierten en perros, actúan como tal. No se autoperciben perros, se comportan como perros por un proceso que se llama mimetización. Pero no se convierte en perro, actúa como perro”.
Nuevamente se dan por hecho aspectos que no están mencionados directamente en el canal por ninguno de los participantes therian. El therian que hablo se estaba refiriendo a un proceso de modelado o aprendizaje vicario, donde un gato imita a los perros debido a que estas están recibiendo reforzadores de algún tipo al comportarse de dicha manera. Este proceso es común a todas las especies animales, incluidos los humanos. Como ya se mencionó, es, de hecho, una de las posibles formas de adquisición de la identidad therian. En este sentido, resulta un argumento bastante bueno frente a lo que dice el doctor, ya que, en efecto, ser therian implica en algunas circunstancias, imitar el comportamiento de algunos animales no humanos. Conductas entre las cuales no se considera la autopercepción de estarse convirtiendo en un animal.
En redes sociales también ha habido casos donde se han presentado argumentos en contra de la identidad therian, buscando darla a entender como una “enfermedad mental”. Por ejemplo, comparándola con delirios y alucinaciones propias de la esquizofrenia. Pero dado que ya se ha analizado la distinción entre la theriantropia y la zoantropía clínica, y de que buena parte de esos argumentos se basan en teorías pseudocientificas e, incluso, pseudofilosoficas, continuaremos con otros comentarios que se han realizado en forma de mitos:
“Los therians están enfermos porque comen croquetas”.
Realidad: Si bien existen casos en donde algunos therians han consumido croquetas como una forma de expresión, y esto llevado al extremo representa un problema de conducta (no una enfermedad) que convendría modificar, la realidad es que es una afirmación que supera los datos existentes en la actualidad. Es decir, no es posible afirmar algo así porque no existen los datos (evidencia científica) que corroboren que la mayoría de los therians consumen croquetas como para llevar a cabo dicha generalización. Por lo que el argumento resulta en una falacia de asociación.
“Ser therian es una elección”.
Esta es ampliamente usada para dar a entender que se trata del libre albedrio ser o no ser therian. Esta postura es tanto contraria a una ontología científicamente informada, como a la psicología científica. Como todo nivel de organización de la realidad, la conducta de los organismos no se rige por el azar (indeterminismo), sino que se haya gobernado por principios o leyes generales (determinismo) (Calp, 2025b). En este sentido, existe amplia evidencia sobre que la conducta se halla determinada por diferentes variables, entre las cuales el ambiente es fundamental. Y donde se considera que no existe tal cosa como el libre albedrío, sino que la conducta de elección se halla controlada por variables filogenéticas, ontogenéticas y del contexto presente de esa persona. Sin estos criterios sería imposible darle explicación a la conducta animal, en general, y humana, en específico (Skinner, 1938). Además del hecho de que de ocurrir todo al azar no podría existir la seguridad en cuanto a ninguna cosa que pudiera ocurrir (González-Terrazas y Colombo, 2023).
“No podemos respetar algo que no existe, que va en contra de la realidad”.
Este argumento es muy particular sobre todo si se analiza de quien proviene, ya que muchas personas sostienen hoy en día creencias que han sido plenamente refutadas por la ciencia o, de forma más general, por la filosofía de la ciencia. Un ejemplo de esto es la existencia del alma, algo en lo que muchos creen pero que, no obstante, y como refiere Calp (2025c), no podría existir ya que esto iría en contra de la filosofía científicamente informada, desde la que se concibe que lo único que existe realmente es la materia, relegando la existencia inmaterial a lo conceptual o imaginario. Es decir, a algo que depende del pensamiento humano para existir.
Algunas personas creen en el creacionismo, y es algo totalmente valido, pero también ha sido totalmente refutada gracias al descubrimiento de la evolución de las especies. Y, no obstante, aun cuando se sabe que el creacionismo no es real, se respeta que haya personas que crean en él.
Es extraño que pudiendo respetar creencias de este tipo no sean capaces de hacer lo propio con creencias de otra índole, como las sostenidas por la comunidad therian.
El ciberacoso a la comunidad therian
El problema más serio de ser therian no tiene nada que ver con la theriantropia, sino con lo que esta comunidad tiene que vivir a diario en redes sociales: el ciberacoso.
El ciberacoso es una agresión intencional y repetida que se produce a través de medios electrónicos y de la cual la víctima no puede defenderse fácilmente. El ciberacoso, a diferencia del acoso tradicional, tiene una serie de ventajas para el agresor. La agresión online puede ocurrir en cual lugar o momento, es más difícil de detectar por los adultos, a menudo es anónima aumentado la desinhibición y posee una mayor audiencia (Resett, 2019).
Puede parecer extraño como un solo comentario desagradable puede sistematizarse a tal punto de convertirse en ciberacoso y, de esta forma, causar tantos daños en niños y adolescentes. Etapas madurativas que parecen ser bastante convencionales en esta comunidad, pero que no niegan, claro está, la existencia de therians adultos. Y es que, recomendarle a un niño therian de 11 años que se suicide es solo una de las cosas más graves que se pueden leer entre los comentarios de odio hacia los therians en diferentes redes sociales.
Con este panorama no sorprende demasiado encontrarse con personas que creen que el acoso y el ciberacoso serian la solución o cura para los therians, ya que algunos de ellos creen que como antes el acoso era algo más común, eso evitaba que existieran gente como los therians. Mas allá de la falacia non causa pro causa de esta afirmación, cabe destacar que, debido al desarrollo de las redes sociales, esa supuesta reducción del acoso ya no es tal. Y, sin embargo, la theriantropía sigue existiendo. Además de que existe desde los años noventa. Eso sí, como señalan diferentes estudios (Martín-Córtes y Linne, 2020; Wendt y Lisboa, 2020), existe una amplia correlación entre ser víctima de ciberacoso y diferentes problemas como la depresión, ansiedad, suicidio, entre otros.
En conclusión, el ciberacoso no solo no es una “solución” para algo que no requiere de soluciones, sino que, además, produce malestar clínicamente significativo en quien lo vive.
Conclusión
Como se ha podido ver a lo largo de este ensayo, ser therian no es una enfermedad mental o problema psicológico, sino una identidad más que los humanos pueden aprender al interactuar con unos determinados contextos. Se han considerado los posibles perjuicios y beneficios de ser therian, además de atender a las diferentes críticas que se han hecho de esta comunidad tanto por profesionales como por diferentes cuentas de redes sociales. Finalmente se ha mencionado el verdadero problema por detrás de ser therian, el ciberacoso que viven a menudo en redes sociales y que, lejos de reducir su identidad, produce mucho malestar psicológico en quienes lo viven.
Referencias
Blom, J. D., & Sharpless, B. A. (2025). A systematic review on clinical therianthropy and a proposal to conceptualize zoomorphism as a diagnostic spectrum. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 106193.
Calp, D. (2024). Análisis funcional de la conducta de identidad de género. Mente y ciencia.
Calp, D. (2025a). El acoso a la comunidad therian. ITECOC.
Calp, D. (2025b). El análisis de la conducta como programa de investigación científica: Un análisis epistemológico. Cuadernos Iberoamericanos de Psicología Contextual, 1(1), 35-61.
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